8 sept 2010

Sudestada

Néstor Favre-Mossier, de Chagas a Malvinas
"Pinto las cosas que me duelen"


Néstor Favre-Mossier es plástico y autor de dos series de oleos que lo muestran con una potencia que excede la estética. Se trata de 25 2 de ABRILES y Chagas que reúnen pinturas sobre la Guerra de Malvinas y el Mal de Chagas, temas que están en la piel de los argentinos aunque disimulados entre los pliegues de la política y la pobreza. Las pinturas tienen la crudeza de la pasión y la opinión del artista que toma posición en cada trazo, en cada cuadro para que el observador se transforme en un interlocutor que no queda ajeno a una historia que tiene fecha, 2 de abril de 1982, ni ante una enfermedad que provoca víctimas anónimas para gran parte de la sociedad.






Malvinas a las rocas. 2006. Acrílico s/tela, 100 x 100 cm.



Colgados de la Nada. Óleo s/tela, 90 x 120 cm. 2008.

Como a tantos, a Favre-Mossier lo sorprendió la Guerra del Atlántico Sur a menos de una semana de la baja del servicio militar. Súbitamente se transformó en un joven combatiente de apenas diecinueve años. “Mi hermana había sido secuestrada por las fuerzas armadas; estuvo desaparecida y torturada así que sabía muy bien qué pasaba con la represión ilegal”, recuerda en una entrevista con Sudestada y agrega que “por lo tanto fue algo complicado y encima terminar la colimba con Malvinas resultó fuerte; sin embargo la guerra más difícil no fue en las islas sino volver a reinsertarme en la vida cotidiana, algo que le sucedió a muchos”.

Con los años trabó relación con muchachos que pelearon en el Sur y vivían en Villa Domínico, su barrio en Avellaneda. “Estos pibes tienen un compromiso inmenso con la causa aunque, desde lo personal, cuando el tema se tiñe de militarismo, no me cierra. Las islas fueron, son y serán argentinas pero lo sostengo desde otro lado aunque admiro a quienes trabajan desde los Centros”, asegura.

Recuerda un hecho clave que dio origen a lo que se transformó en 25 2 de ABRILES: “cuando se cumplieron 20 años del conflicto me insisten en el Centro para ir a una reunión; yo les daba una mano con materiales, un cartel o cualquier cosa que enviaba para, en el fondo, no ir; la cuestión es que la cita fue para entregarme una plaqueta y cuando me lo dijeron me puse a llorar, me fui hecho pelota. Le conté a mi esposa que no sabía qué hacer con Malvinas y me dijo ‘hace algo a través del arte’. Fue así que me encerré y pinté Malvinas entre dos fuegos hielos, un cuadro que tiene un mapa escolar Rivadavia entre dos vasos de whisky y que expuse en el Centro Cultural Recoleta.” Por otro lado, pensó en su hijo Yago y que lo peor que podría pasarle como padre es que se lo lleven a una guerra y le dedicó el trabajo que tiene como embrión el proyecto “Estigma”, que empezó junto al dibujante argentino Aníbal Cedrón y para el que hizo El niño que fui, germen de 25 2 de ABRILES.

“Cada trabajo es visceral y sentimental pero también muy técnico”, explica Favre-Mossier respecto de la tela en negro para luego darle luz. “Esta es una obra oscura y el hilo conductor es el color”, señala de la serie que integran Prisionero aún, (Muerte) Del niño que fui, Isla soledad, Seguimos ganando, La plaza de los locos, ¡Argentinos a vencer!... Pobres los pibes del Belgrano, Malvinas a las rocas, No se suspende por guerra, Palomo de la paz, No robarás aunque tengas hambre, Dolor, Teatro de operaciones, De vuelta a casa y Mías, mías, mías.

A mediados de 2005 el chagas se cruzó por el camino del artista cuando una mujer de clase media le contó que tras un chequeo médico se enteró que tenía la enfermedad. “Al instante recordé que cuando iba al colegio primario me daban un sobrecito con el sello de Alcha (Asociación de lucha contra el Chagas) en el que poníamos unas monedas como donación para la entidad”. Dos meses después lo contactan para Pintar el futuro, una convocatoria de una pintora holandesa que lleva artistas plásticos a Jujuy; allí les entrega dibujitos que hacen alumnos de la zona y que pegan sobre la tela para ser parte de una obra que vende en Europa para recaudar fondos. “Me pareció interesante. Estuvimos buscando colegios por la Precordillera... imaginá la situación: llegábamos en un micro y bajaba una mujer rubia que le pedía a los chicos que pintaran algo. Una cosa muy loca porque era llevarnos los dibujos y no verlos nunca más en la vida... Meses después me cuenta la organizadora que a uno de mis cuadros lo compró una millonaria de la construcción, en Marbella y que con esa plata le iba a terminar la casa a una abuelita del Impenetrable; recibo una foto y está la viejita sentada en la puerta de un ranchito que recreé en Las lomitas, pero me di cuenta que era una imagen conocida. Fui a la casa de mi mamá y le pregunté por las fotos viejas y allí estaba, un registro en blanco y negro con mi madre de pequeña, sentada en un sillón de mimbre, en la puerta de la casa familiar en Surí Pozo, Santiago del Estero.

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada nº92, septiembre 2010

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